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Desafiando la singularidad tecnológica

Desafiando la singularidad tecnológica

Miguel Córdoba Pérez

CEO de Greenfield Technologies

Viernes, 10 de noviembre 2023, 09:25

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Cuando era pequeño, me fascinaba a qué velocidad evolucionaba todo gracias a la tecnología y la innovación: el transporte, las comunicaciones, la información, el conocimiento. De niño, todo va rápido. Los años van rápidos, y cada vez aparecían más novedades: los vídeos, los microondas, los móviles, los videojuegos, la moda cambia rapidísimo, la música también. Lo que venía de los 70 en los 80 parecía del Paleolítico.

Un día leí sobre el concepto de Singularidad Tecnológica, y me encantó. Básicamente viene a significar que si el progreso aumenta de forma exponencial con el tiempo, llegará un momento en el que aumentará el progreso sin que avance el tiempo. Entonces se alcanzará la inquietante Singularidad Tecnológica. Imaginé como una especie de ‘pof’ o explosión donde todo colapsaría. Bueno, en realidad lo que pensé es que se iría a la luz. Algunos le pusieron fecha, diciendo que sería en 2045. Otros ahora afirman que finalmente será en 2029. Bastante cerca. Creo que el día que llegue, iré con mi familia al campo a dar un paseo sin móvil, y así no nos pasará nada.

Todos habremos leído que la Inteligencia Artificial, Machine Learning, Big Data, IoT, Metaverso, Blockchain y otras tecnologías van a cambiar nuestra vida. Sin embargo, ¿es verdaderamente cierto que estamos experimentando una mejora exponencial en nuestras vidas?

Permítanme desafiar la creencia comúnmente aceptada de que la humanidad avanza cada vez a más velocidad. O al menos pensemos por un momento si es verdad o no. Sin duda mejoramos, pero cada vez menos. Podría suceder lo contrario a la Singularidad: la ‘Vulgaridad’ Tecnológica, o cuando el tiempo pasa, y el progreso no aumenta.

La Ley de Moore, que sostiene que el número de microprocesadores en un transistor se duplica cada dos años, es ilustrativa. Igualmente, las teorías de curvas tecnológicas en ‘S’ de Foster explican que cuando el rendimiento de una tecnología alcanza su límite y deja de aumentar, surgen tecnologías alternativas que pueden ampliar esos límites nuevamente.

Estas teorías miden los avances técnicos, pero no sé si reflejan el desarrollo. Para comprenderlo, deberíamos mirar los aspectos que de verdad impactan, los realmente importantes: me refiero a la salud, la calidad de vida, las comodidades o el sufrimiento, el conocimiento y lo que hace que tengamos vidas más enriquecedoras.

Un indicador del impacto de la tecnología y de la innovación es la esperanza de vida. Cada vez aumenta más, pero en España, según el INE, desde 1930 hasta 1960 aumentó en 20 años, de 1960 a 1990 aumentó en siete y en los siguientes 30 años solo en cinco. Igual ocurre con la mortalidad infantil: continúa descendiendo, pero a un ritmo cada vez más lento en términos relativos.

Si miramos al conocimiento, los índices de analfabetismo a nivel mundial disminuyeron notablemente en el siglo pasado. Sin embargo, en el siglo XXI este avance ha perdido velocidad según los datos del Banco Mundial. Y con una tasa de alfabetización global del 87%, aún hay campo para la mejora. ¿Qué está pasando en un mundo hiperconectado donde la información fluye constantemente?

Otro ejemplo cercano: cuando mis abuelos era jóvenes, tardaban de Badajoz a Madrid un día o más, mis padres cuatro horas y media y nosotros, hoy día, cuatro horas. ¿Estamos progresando? Por supuesto. Pero en muchos aspectos prosperaron mucho más nuestros padres que nosotros.

Es preocupante observar que muchos indicadores se han estancado en las últimas décadas. ¿Cuándo fue la última vez que experimentamos una transformación radical en ámbitos de la vida cotidiana? ¿Por qué la tecnología no impulsa un avance más rápido?

El concepto de Singularidad Tecnológica puede llevarnos a la autocomplacencia. Estas reflexiones, con toda la subjetividad que conllevan, pretenden que sea el inconformismo lo que nos guíe para que continuemos prosperando.

¿Y qué podemos hacer nosotros para asegurarnos de que la tecnología, la innovación y las telecomunicaciones realmente impulsen el avance de la humanidad? ¿Cómo podemos aportar?

Las empresas debemos identificar y abordar problemas críticos que afectan a la sociedad. En lugar de buscar la próxima aplicación de moda, centrémonos en soluciones que impacten en las personas. De lo contrario, corremos el peligro de caer en evoluciones incrementales y no disruptivas, lo que representaría la frase supuestamente atribuida a Henry Ford, de hacer caballos más rápidos en lugar de construir coches.

Y sí, por supuesto que todo hay que hacerlo pensando en sostenibilidad, pero trabajar sosteniblemente significa no estropear lo que tenemos. Y aquí no se trata de no estropear. Se trata de mejorar. De ahí la enorme necesidad de un pensamiento crítico para impulsar innovaciones disruptivas.

Fomentemos la colaboración entre empresas para garantizar que la tecnología se utilice de manera ética y responsable. Me gusta constatar que en las reuniones de empresarios, o en los consejos asesores de instituciones como San Telmo, los debates a menudo no van sobre aumentar los beneficios o la competitividad de las empresas, sino que derivan hacia cómo las empresas podemos mejorar la sociedad. Y seguro que si la sociedad nos mirase por un agujerito se sorprendería, pero nadie debería sorprenderse puesto que esta colaboración es crucial para facilitar los cambios disruptivos.

Si queremos tener mejores empresas solo lo conseguiremos teniendo mejores personas. Trabajemos en la formación integral de todos. En esto, también cada uno de nosotros puede hacer algo. Personas preparadas se convierten en actores relevantes usando la tecnología, en lugar de simples sujetos pasivos controlados por ella. Invirtamos en formarnos.

Tenemos la obligación de creer que podemos contribuir al progreso real de la humanidad. Las empresas, asumiendo un papel crítico en la solución de los problemas que enfrenta la sociedad y los individuos, demandando y apoyando un enfoque ético de la tecnología.

La Singularidad Tecnológica es un concepto intrigante, pero no debemos aceptarlo ciegamente como el progreso que resolverá todo. Los datos muestran que no todos los aspectos de la vida humana avanzan a una velocidad creciente. Es hora de cuestionar nuestras suposiciones y trabajar para asegurarnos de que las innovaciones realmente mejoren la vida de las personas y sigan impulsando la humanidad.

La tecnología va de la vida real, de las personas, de su salud, su calidad de vida. Esa es la labor de todos y cada uno de los miembros del ecosistema tecnológico, especialmente en Extremadura donde, sin dejar de ser combativos para luchar por corregir las carencias que tenemos, debemos aprovechar la ocasión que nos da la tecnología de ser desarrollada desde cualquier lugar.

Inspirémonos en nuestras generaciones predecesoras que, con muchas menos comodidades hicieron posible avances significativos en la humanidad. Eso es lo que esperan nuestros hijos de nosotros. No nos lo quitemos de nuestra cabeza ni de nuestras metas.

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